< Menú
> Siguiente: Walter Benjamin, ¿recuerdan?

Led Zeppelin o el Rock del Unicornio (Variaciones sobre una no-balada)


“Led Zeppelin no es particularmente caliente, tampoco frío. Led Zeppelin no es bueno, tampoco malo"
(Salt Lake Tribune, March 27, 2023)

led zepp

“Claroscuro o ausencia de inclinación o escora. Un modo de justicia o partición de la imagen y el sonido entre lo deslumbrante y lo sombrío”. Esa podría ser una definición de Led Zeppelin. J. Page dio su propia definición: “Una especie de construcción en luz y sombra".

Led Zeppelin supo forjar su música en los márgenes, movilizando al mismo tiempo a multitudes. Sin miedo a las contradicciones ni a la dictadura del Estilo. Cuando vemos la grabación de alguno de sus conciertos y, a posteriori, rodeados por la agridulce memoria de lo no vivido, de lo vicario, nos preguntamos cómo se repartían el escenario, se hace patente la búsqueda de cierta confusión y el deseo firme de no constituirse en un todo armónico, sino de poner en escena la misma lógica que gobernaba sus canciones: la poderosa trabazón de lo desarmónico. Es decir, el giro brusco, desde el interior, de lo eléctrico a lo acústico, de lo sosegado a lo rabioso, del rock al folk: "Siempre pensé que nuestra mezcla de lo eléctrico con lo acústico era algo que realmente nos hizo diferenciarnos como grupo ... y esto fue así desde el principio" (J. Page).

Fijémonos ahora en sus vestimentas: manierismo, barroco, cierta estética hippy, el sabio dominio de lo premeditadamente hortera… Pero ninguna confluencia o “estilo” que unifique las partes. Y al mismo tiempo la contención. Una palabra importante en el caso de Led Zeppelin. Que significa: No forzar nada, no llegar al “personaje”, al estereotipo, al prototipo, quedándose siempre un paso atrás, justo en el límite. Siempre una estación antes del mito. “Incatalogables”, “inclasificables” -así se les suele calificar en ocasiones. Pero estos términos no se explican sólo desde la mera negatividad, son fruto de la misma lógica rigurosa que lo canónico, y sólo entonces se hacen merecedores del prefijo, del “in-“. Sin embargo estamos acostumbrados a ver cómo se solventan dichas palabras acudiendo al  limbo de lo indecible, o de lo sublime. Cuando, en realidad, son estrategia, y de gran laboriosidad. Pocas cosas son más intencionales, ya lo dijo aquel alemán, que la representación de la ausencia de intención. Lo “incatalogable” requiere su escena: la de la síntesis imposible.

Recordemos los cambios bruscos, radicales, de su música, de lo sinfónico a lo eléctrico en el cuerpo de la misma canción o del mismo álbum. Estamos a millones de años luz del concepto pseudo-religioso de la “balada" heavy, cuando de Stairway to Heaven se trata.  Entreguémonos por tanto al breve análisis de la más intratable de sus canciones, encerrada en el cuarto de los espejos del cliché, de la "canción más veces emitida en la historia de la radio", la “más lograda incursión de Led Zeppelin en el pathos de la balada", la "delicadeza de los bárbaros"...

No vamos a acudir como recurso argumentativo a la definición propuesta por el diccionario. Porque en este caso, como en tantos otros, el concepto -"balada"- funciona en el orden social de acuerdo con la lógica "sucia" (es decir, fruto de numerosas ambigüedades y sobreentendidos) de la connotación. Y en este sentido la balada se ha convertido en una especie de vergel en medio de la tierra baldía, del desierto y la "dureza" desde el que cantarían el resto de sus canciones los llamados grupos "heavy". Por lo tanto esa tierra baldía es inexcusable, condición de existencia del concepto mismo de "balada". Ahora bien, si Led Zeppelin no puede ser calificado de grupo "heavy", porque no conoce la estricta disciplina, el estricto orden y coherencia que caracteriza a estos grupos, difícilmente podría componer baladas. Ya que la balada es en sí misma una excepción, la excepción que confirma la regla (recordemos que normalmente los grupos que se acostumbra a catalogar como “heavy” sólo se pueden permitir un número muy limitado de "salidas del orden" en forma de baladas. Superado un umbral su misma identidad peligra. Sólo un remanso de paz en medio de la mantenida batalla (el sonido "metálico").


led zepp


Por lo tanto "Stairway to heaven" no es una balada. ¿Qué es entonces? Podemos verla como un manifiesto o como un prototipo. Es esencialmente una estructura dual, inconciliada e inconciliable, definitivamente rota por su centro y al mismo tiempo unificada por el nombre. En ella se manifiesta de la manera más clara esa constante con la que hemos identificado lo esencial del término "Led Zeppelin": su remisión al híbrido, a la confluencia nunca armonizada y la voluntad reiterada de no poseer una “personalidad”. Ya a nivel vestimentario lo que se presenta on stage no es un repertorio coherente y unificado, un estilo. Más bien lo que se escenifica es el ruido, el cruce, la interferencia como aglutinante, aunque esto parezca paradójico. Y precisamente porque su unidad como grupo (recordemos que Led Zeppelin no sobrevivió, a diferencia de otros muchos grupos de rock, a la ausencia de uno de sus miembros) se forjaba precisamente sobre la interferencia, sobre el ruido, sobre lo inconciliable. Era un equilibrio fraguado no sobre lo unánime, sino sobre la disparidad, sobre la tensión; no sobre la visión de una meta, sino sobre la postulación de la encrucijada. Descendamos ahora al detalle para rastrear la forma del híbrido, la impronta literal de una precisa voluntad de "puesta en forma": La "guitarra-violín" de J. Page, o su guitarra bicéfala, son como un unicornio o una sirena. Un "monstruo" en el que se reconoce perfectamente su condición dual, sus dos partes nuca integradas del todo, reticentes al reposo en la forma única y acorde.